COLUMNA SEMANAL

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Sustentabilidad franca

La corriente que lleva a las empresas hacia la sustentabilidad hace rato que ha dejado de ser una tendencia para transformarse en una realidad a la que cada vez menos empresas son capaces de esquivar dejando al más despistado de los analistas frente a la evidencia de que se ha iniciado un camino sin retorno en ese sentido.

Son cada vez menos las empresas que se resisten a presentarse como sustentables y, en la mayoría de los casos donde esto no ocurre suele suceder que simplemente utilizan otra denominación mientras el gen de la sustentabilidad está haciendo su trabajo en forma silenciosa en su ADN.

La razón principal, y poderosa, es que la sustentabilidad actúa con franqueza y respeto por la única condición irrenunciable para toda empresa al considerar que la empresa no debe, de ninguna forma, dejar de ganar dinero.

Reconociendo que “sin ganancia no hay empresa” la sustentabilidad empresaria apunta a favorecer el desempeño empresario desde la variable económica y este es sin dudas un mérito que evita perder tiempo y recursos en eufemismos que terminan siendo destructivos para todos los actores involucrados.

Junto con el desempeño económico la sustentabilidad propone que sea atendido por igual el desempeño social y ambiental buscando -y ayudando- a que la empresa gane con resultados positivos por triplicado que en realidad no representan otra cosa más que asegurar de esa forma que sea también la comunidad la que gane.

No hay mejor negocio que en el que ganan todos los que intervienen y justamente es la sustentabilidad la que impulsa a las empresas a que consigan hacer el mejor negocio para que resulte igual de bueno para la comunidad de la que forman parte.

Empresas emocionales

Como definición la sustentabilidad es inmejorable para impulsar a las empresas hacia el futuro con una propuesta concreta en relación a la búsqueda de beneficios económicos sin embargo hay todavía trabas importantes en la forma de llevar esta forma de actuar al terreno de la realidad.

Cuando las empresas se presentan como sustentables lo hacen apelando al crédito de confianza que les brinda la comunidad que considera que todo lo que digan de sí mismas debe contar con hechos concretos que le sirven de apoyo y sostén.

Es absurdo presentarse frente a la comunidad apelando a cualidades que no tenemos porque cuando esta falta se ponga en evidencia quedará expuesto nuestro engaño y junto con la vergüenza se llevará una buena parte de nuestra credibilidad.

En un ambiente competitivo como es el que alberga a las empresas de todo tipo no tiene sentido tentar a nuestros competidores haciendo pié en un terreno que no nos corresponde porque sabrán cómo hacer para que perdamos el equilibrio sin posibilidad de inculpar a ningún extraño a nuestra empresa por el traspié.

El misterio se concentra en por qué seguimos llevando a cabo acciones filantrópicas, con resultados que en el mejor de los casos son temporales y nunca abarcan a la empresa que las promueve, en nombre de la sustentabilidad si por definición es una actividad que nos ofrece otra forma de vínculo comunitario y mejores resultados para la comunidad de la que formamos parte.

Quizás la respuesta dependa de recordar que las empresas -como toda organización de cualquier tipo- está formada por personas y que a las personas las mueven las emociones mucho antes que la razón.

Lo cierto es que la sustentabilidad tiene mucho espacio por delante y una potencia virtualmente inagotable que todavía no ha sido puesta en práctica en toda su expresión por lo que aplicarla tal cual se presenta será un motor de progreso y enriquecimiento para todos los actores de la comunidad.

Fernando Solari

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Sustentabilidad evolutiva

La sustentabilidad es el camino ineludible para que la comunidad alcance la condición de sostenible y alejemos el fantasma -cada día con cuerpo más definido- de que el daño que le hacemos al planeta termine dejándonos sin sitio donde vivir.

Claramente esta visión apocalíptica no es la única razón por la cual la sustentabilidad es el futuro ya que poner el foco en la obtención de resultados positivos tanto en el aspecto social como en el ambiental y económico hace que ese futuro asegure ser mejor para toda la comunidad.

Si todo lo que hacemos lo llevamos a cabo de manera sustentable los resultados serán beneficiosos desde todo punto de vista y abarcadores por lo que no hay razón para que no hagamos las cosas de esa manera.

Sin embargo por ahí pasa la gran dificultad para lograr el cambio sustentable: la razón; ya que somos seres emocionales que tenemos la capacidad de razonar, capacidad que ponemos en práctica en ciertas y determinadas ocasiones cuando la emoción nos lo permite.

Como somos seres eminentemente emocionales hay razones a las que les cuesta convencernos para que las consideremos como válidas por más evidencias que presenten; y la sustentabilidad no está exenta de pasar por este filtro.

Que seamos principalmente emocionales tiene mucho que ver con que los estímulos para optar por un camino o por otro dependan de lo conmovedores que se presenten.

Cuando optamos por la filantropía -con franqueza o tuneada para mostrar evolución aunque hagamos lo de siempre- se debe en buena medida a que nos conmueve la reacción que desata nuestra generosidad.

La filantropía y sus versiones es una decisión personal que resulta digna para quien la elige sin ser una opción válida para las organizaciones de ninguna especie porque no resuelven problemas ni le entregan sosteniblidad a las acciones; pero eso se apoya en razones que la emoción rechaza.

Mezcla potente

La trampa que nos presenta el hecho de que seamos seres emocionales con capacidad de raciocinio es la de buscar imponer una cualidad por sobre la otra, invalidándola.

La emoción suele prevalecer por sobre la razón porque está última es una capacidad adquirida en forma tardía, cuando ya llevábamos milenios de evolución con nuestros antecesores preocupados por sobrevivir gracias a su instinto sin espacio para razonar.

Evolucionar, en forma integral que incluye a la sustentabilidad, depende de la capacidad de entretejer emociones con razones para que los resultados sean superiores y abarcadores.

Mezclar de forma potenciadora emociones con razones nos permitirá tejer una red que nos asegure que no haya caídas que hundan en la necesidad a ningún integrante de nuestra comunidad y que podamos interactuar aportando valor para obtener valor superior como resultado.

Fernando Solari

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Sustentabilidad redimida

Si coincidimos en que la sustentabilidad es un proceso debemos aceptar que las empresas puedan poner sus mejores energías en pos de lograr la sustentabilidad como un objetivo inalcanzable que toma sentido con cada una de las metas que se logran al tiempo de mantenerse como estímulo suficiente para que la búsqueda no se interrumpa.

El análisis de todo tipo de organizaciones nos obliga a llegar al punto en que la evidencia nos recuerda que están conformadas por personas.

Personas iguales a cualquiera de nosotros compartiendo defectos y virtudes tanto como fortalezas y debilidades quienes, al actuar en grupos organizados tienen una misión en común con la que persiguen una visión compartida poniendo en juego ciertos y determinados valores que los diferencian de lo que pueden hacer otros grupos similares.

La sustentabilidad encaja a la perfección en forma dinámica con la visión dado que es un imán que nos atrae hacia un futuro mejor sin que nunca lo alcancemos plenamente como para dejar de buscarlo y poner energías en el intento.

Hacia la sustentabilidad nos dirigimos sin que seamos muchos los que venimos desde un terreno que se pueda considerar sustentable.

Tal y como suele ocurrir con la mayoría de las tendencias que se imponen en el mercado éstas pasan a ser un parámetro de medida que lleva a algunos extremistas a considerar a quienes no tienen antecedentes en la materia como invalidados para formar parte del grupo de quienes, en este caso en particular, no hacen otra  cosa más que dirigirse hacia la sustentabilidad.

Cambio y mejora

Es la naturaleza misma de los negocios la que ha llevado a las empresas a actuar abriendo camino a fuerza de innovación de forma tal que se impusieron costumbres que luego el tiempo descubrió no eran las que debían mantenerse.

El progreso y energía de la revolución industrial llevó a que la adrenalina se disparara frente a una imagen de fábricas ruidosas y humeantes de las cuales no solo estaban orgullosos quienes eran sus propietarios sino que la euforia se contagiaba entre sus empleados y las comunidades que las albergaban.

El hecho de que hoy sea inadmisible una planta que contamine tanto el aire como los oídos de quienes trabajan en ella y quienes residen cerca no significa que tengamos que juzgar mal a quienes lo hicieron cuando se suponía que era lo mejor para todos.

En una presentación reciente el presidente de una multinacional de origen europeo que había pagado miles de millones de dólares en los EEUU y de euros en Europa al admitir su participación en prácticas corruptas para evitar que hubiera fallos que compliquen mucho más a su compañía compartía con honradez que “es muy difícil decirles que no a los inversores”.

Los errores se pagan, esa es una cruda verdad; pero también es justo decir que de los errores se vuelve y que la sustentabilidad es un camino integral para redimir errores por ser su visión tan abarcadora como integradora.

Nunca estamos condenados sin retorno por lo que hicimos y mucho menos si actuamos según tendencias aceptadas en el momento en que lo hicimos, esa suele ser una situación común que no hace más que indicar nuestra disposición a innovar y aceptar las tendencias que se difunden en el mercado.

Sí es justo reconocer que si nos hacemos cargo de los errores que cometimos y nos disponemos a mejorar, aprendiendo del pasado y apuntando con claridad hacia el futuro no hay mejor forma de hacerlo que a través de la sustentabilidad.

La sustentabilidad, a pesar de ser una búsqueda constante tiene la capacidad de generar valor en cada una de sus metas para todos los actores que intervienen al tiempo de permitirnos redimir nuestros errores y avanzar hacia el progreso de toda la comunidad que nos incluye.

Fernando Solari

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Sustentabilidad en capas

La simpleza de la sustentabilidad consiste, en buena medida, en poder analizarla según sus diferentes capas y niveles que -en conjunto- presentan un progreso para todos y cada uno de los actores involucrados.

Cuando la miramos en su conjunto la sustentabilidad puede parecer compleja y hasta confusa aunque siempre sea una composición de elementos simples, contundentes por lo eficaces y -en buena medida- conocidos por todos.

La pretensión de descartar a la sustentabilidad bajo la excusa de que significa modificar todo lo hecho, cambiar radicalmente lo que hacemos no es más que una defensa inválida de quienes desearían que su momento de confort perdure para siempre aunque la realidad misma lo diluya en el instante siguiente.

En esta composición de simplezas potentes que presenta la sustentabilidad la consideración de los beneficios desde una triple óptica es su pilar permanente.

Considerar a los beneficios económicos como válidos y positivos es una firme declaración de reconocimiento de la realidad tanto como pone en evidencia el concepto de sostenibilidad en un mundo donde los esfuerzos se miden en términos económicos; para lograr que los proyectos avancen y crezcan deben generar dinero.

En este punto la clave de todo se la lleva al término “generar” ya que el dinero siempre proviene de un intercambio y ese intercambio tiene que ser de valor.

El sencillo detalle de considerar al dinero como valor y comprender que no es el único nos permitirá lograr que todos los intercambios en los que estemos involucrados sean enriquecedores para todos y cada uno de los actores interviniente -incluso cuando varios de ellos no obtengan dinero-.

Debemos ganar y no hay nada de malo en ello en tanto y en cuanto lo que ganemos no lo pierdan otros, aquí es donde reside la diferencia entre considerar o no la generación de valor en todos y cada uno de los intercambios.

Niveles que suman

Ampliar la mirada para que ingresen las capas siguientes ha sido el determinante para que la sustentabilidad se pueda desarrollar como concepto y como actividad superadora para la comunidad y todos sus integrantes.

Ampliar la mirada significa permitir el ingreso de la persona como un beneficiario directo e ineludible de todo lo que hagamos, quienquiera que seamos.

El simple hecho de dejar de considerar a las empresas, organizaciones e instituciones de los tres sectores básicos de la comunidad como entes autónomos y misteriosos con los cuales no teníamos más opción que aceptar sus caprichos y recibir sus reprimendas nos resulta liberador.

No hay entidad que no sea dirigida por un hombre y esa razón es suficiente para que no se tomen decisiones que vayan en contra del hombre, sin que importen las características de ninguno de ellos [sexo, raza, edad…].

Los valores humanos esenciales no pueden ser dejados de lado por ninguna organización, todo aquello que esté conformado por personas debe tener en cuenta al otro como par porque la reciprocidad de esos valores degrada y deshumaniza a quien no los respeta.

Así como el hombre no puede ser dejado de lado en términos de respeto a sus valores en todo lo que acometa es prudente evitar la tentación por sentirse el centro del universo y actuar como tal.

Reconocer que la naturaleza no está a nuestro servicio para brindarnos con generosidad una riqueza que claramente no es inagotable nos permite pasar al siguiente nivel en donde tendremos que considerar en todo lo que hagamos a la naturaleza como un actor que debe ser respetado y cuidado para que sigamos teniendo una casa en común que nos permita vivir plenamente.

La sustentabilidad no es más que una sucesión de capas complementarias que nos reclama una mirada amplia e integradora pero nos reconoce el esfuerzo con un futuro abarcador y enriquecedor.

Fernando Solari

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Sustentabilidad futura

En términos de sustentabilidad suele haber más trabajo hacia adelante, basado en pronósticos e intenciones, que los resultados que se pueden obtener en forma inmediata por lo que su puesta en práctica reclama una mirada estratégica y abarcadora.

La sustentabilidad viene carreteando desde hace un tiempo prudente en una pista larga que modifica su nombre sin llegar a un punto de despegue que permita alcanzar una altura de crucero que nos asegure un viaje por el que haya tenido sentido pagar el ticket.

Seguimos considerando a la RSE (Responsabilidad Social Empresaria) como evolución sin considerar que no se trata más que de la forma correcta de gestionar una empresa; cuando su alternativa debería ser la “Irresponsabilidad Social Empresaria” inadmisible desde todo punto de vista.

Esta tentación por cambiar la forma de nombrar las cosas sin que se modifique lo que hacemos valida considerar a mucho de lo que ocurre en un terreno que pretende ser sustentable como “Filantropía Tuneada” considerando que la generosidad siempre será bien vista y, cuando tenga un volumen importante, adquirirá la capacidad de eclipsar todo aquello que preferiríamos no hacer pero que encontramos más simple maquillarlo que cambiarlo.

Quienes llevan adelante las empresas enfrentan desafíos que, en buena medida, los obligan a ser concretos y resolver el día a día con la presión por salir adelante para que su actividad no se detenga por la responsabilidad que tienen a cargo.

Personas, inversiones, materiales, acuerdos… son razones suficientes para que quien los tenga a cargo intente seguir adelante superando escollos de la mejor forma posible; sin embargo eso hacen quienes tienen a su cargo la gestión de una empresa.

Táctico y estratégico

Quienes gerencian una empresa tienen el mandato de resolver el día a día sin que ningún obstáculo impida la evolución del negocio que tienen a cargo y por el cual deberán rendir cuentas a otras personas.

Esas otras personas son las que están a cargo de la empresa con la diferencia de contar con una mirada mucho más abarcadora y amplia.

Quien tiene a su cargo la estrategia de la empresa mira hacia adelante y se ocupa de que se alcancen los objetivos, aquellos que han sido fijados a una distancia prudente para que el tiempo que demande alcanzarlos permita alcanzar todo aquello que se busca.

Una empresa que no gana dinero no es una empresa, pero el dinero no es lo único que persigue una empresa, ni siquiera sus inversores a quienes les importa la rentabilidad.

Las empresas persiguen valores, y los alcanzan en base a lo capaces que sean para generar valores equivalentes.

Los empresarios tienen la capacidad de aprovechar oportunidades pero no son oportunistas, son constructores de un futuro mejor; un futuro que mejora con su aporte y por el que obtienen valor a cambio.

Para que el día a día de una empresa sea sustentable, para que así lo gestionen quienes cumplen ese rol, debe ser tomada la decisión por los empresarios de trazar la estrategia con una mirada sustentable.

Fernando Solari

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Warhol vs Van Gogh?

El acto de guerrilla perpetrado en Londres por activistas de “Just Stop Oil” en el que arrojaron el contenido de 2 latas de sopa Campbell sobre el cuadro “Los girasoles” -uno de los cuadros más famosos de Vincent Van Gogh- ¿puede interpretarse como una pelea entre Warhol y Van Gogh?

Te dejo una línea libre para que lo pienses:

 

¿Listo? Te doy mi respuesta: Obviamente no es eso lo que ocurrió; sin embargo defiendo el absurdo porque este tipo de manifestaciones [acciones de guerrilla, reclamos para imponer temas en los medios de comunicación] han incrementado su sofisticación y osadía pero siguen sin plantear con claridad lo que imaginamos persiguen; y mucho menos aún, los cambios que podemos imaginar pretenden.

En el caso citado quedó en evidencia lo confuso del mensaje ya que los medios de comunicación que lo tomaron, si bien fue la gran mayoría por la importancia del cuadro y artista atacado, tuvieron que indagar para conocer el mensaje de las activistas.

Si sumamos las opiniones de testigos -quienes fueron parte, sin invitación, del hecho- están marcadamente divididas sin encontrar vínculo alguno sobre la supuesta demanda/denuncia.

Si notamos el efecto directo sobre las activistas involucradas encontraremos que son dos jóvenes que pasarán su juventud en prisión por lo hecho.

En cuanto al trabajo que le dejaron a la prensa; indagar implica interpretar, lo que asegura que los mensajes transmitidos sean confusos. Y si son confusos los mensajes el impacto de la acción se limita a un espectáculo de osadía.

Cuando ocurra la próxima “acción de alto impacto” no es una alocado imaginar que el foco estará centrado en el nivel de riesgo y osadía en vez de en la demanda/denuncia, y eso parece desvirtuar a las intenciones detrás de estas acciones.

¿Se puede cambiar?

Todo se puede cambiar; en especial cuando el cambio implica mejoras vale el esfuerzo de intentarlo.

Analicemos el escenario actual y el escenario aspirable para este tipo de acciones que buscan promover denuncias/demandas que son valiosas para la comunidad.

En este caso en particular estamos hablando de un país [Inglaterra, que no está solo en el escenario que decribiremos] acostumbrado a recibir gas económico desde el este, encuentra que su proveedor de gas comienza a invadir a un país vecino  y, al no estar de acuerdo con la invasión [tan en desacuerdo como para facilitar la defensa y contraataque del país invadido] sufre una reducción en el insumo energético del que se había hecho en buena forma dependiente por su bajo costo y su baja demanda de compromiso.

Frente a la crisis resultante, y a la necesidad imperiosa de energía, Inglaterra entrega nuevas licencias para la búsqueda y explotación de petróleo en el lecho marino y levanta la prohibición del fracking para la obtención de petróleo.

Estas decisiones de la nueva administración inglesa representan un claro retroceso en términos ambientales y una marcada condena hacia la sustentabilidad futura involucrando a la generación actual tanto como a las futuras con incidencia global.

¿Es este un hecho para poner en evidencia y denunciar? Sin dudas lo es ¿Es útil el ataque a la obra de Van Gogh para este propósito? Si consideramos que deja a dos jóvenes en prisión y se transforma en un episodio osado que solo resultará desafiante para otros activistas se podría decir que no.

¿Cómo se resuelve?

Cuando enfrentamos un problema que abarca a la comunidad, cuando ese problema es generado por las personas más poderosas y potentes de un país [como resulta ser el gobierno], ¿cómo conviene actuar?

En primer lugar es oportuno recordar que la queja, por más creativa e impactante que sea, no suele ser efectiva; quienes toman decisiones suponen que tomaron la mejor frente a las alternativas disponibles, y es aquí donde tenemos un primer punto de apoyo.

Si hay otra solución frente a lo que ocurre, en vez de quejarnos debemos impulsar la alternativa; en especial mostrando no solo sus beneficios sino también un plan de implementación.

Ahora sí cambiamos el escenario ya que una alternativa válida, y posible, bien planteada solo sería rechazada por capricho [lo que hablaría muy mal de quien toma este camino].

En segundo lugar -sin que sea menos importante- si queremos transmitir un mensaje potente no podemos dejarlo librado a la libre interpretación [y mucho menos con una acción que lo eclipsa -sin vínculo alguno con el mensaje-].

Para la comunicación efectiva no hay nada como la claridad y franqueza; si tenemos algo que decir digámoslo sin vueltas.

Es simple recurrir a los recursos habituales cuando surge una crisis pero también es cierto que hay alternativas suficientemente desarrolladas y probadas que solo deben ser impulsadas.

El futuro no será mejor si las nuevas generaciones se condenan a prisión detrás de un golpe de efecto sin mensaje claro ni chance de cambio; en especial cuando sigue estando disponible la herramienta comunicación que solo reclama ser con profesionalismo.

Fernando Solari

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Sustentabilidad originaria

La sustentabilidad es tan activa que se encuentra en permanente progreso sin que esto quite que dependa de un terreno sólido en donde hacer pie, en una base que pueda tomar como punto de referencia para poder confirmar que el progreso que genera está conformado por valores positivos.

El “km 0” de la sustentabilidad suele contar con referencias cuya ubicación fija el estado gestionado por el gobierno de turno.

A pesar de que los países han dejado, en buena medida, de ser sitios estancos que mantienen cautivos a quienes han tenido la fortuna de nacer en ellos con todo un mundo plano por delante en el que las facilidades para trasladarnos se mantienen tan accesibles como la información de lo que pasa en el sitio del mundo al que nos interese acceder; también es cierto que las leyes y reglamentaciones a las que debemos atenernos en cada sitio dependen de las disposiciones que tome cada gobierno en particular.

En el mundo actual somos libres de hacer lo que queramos dentro de un “tablero de juego” definido por el gobierno.

Los límites que fijan los distintos gobiernos no son más que las fronteras que se presentan permeables para quienes cumplan ciertos y determinados requisitos condicionantes.

Los gobiernos fijan las fronteras físicas imponiendo condiciones para atravesarlas en ambos sentidos tanto como lo hacen fijando el terreno en el cual podremos llevar a cabo la actividad que elijamos en forma libre sabiendo que los únicos límites que nos impondrán en el país más liberal de todos serán aquellos que tengan que ver con la legalidad.

Los límites suelen ser, con excepciones algunas veces innecesarias y otras injustas, iguales para todos delimitando un terreno de “juego” dentro del cual hay algunos cracs que se lucen durante todo el partido y otros que ni siquiera llegan al banco de suplentes; pero lo estimulante es que son infinitos los partidos simultáneos de los más diversos “deportes” los que se llevan a cabo en cada comunidad permitiendo que todos encontremos el sitio donde lucirnos según nuestras habilidades y expectativas.

Principio original

Continuar con la metáfora del juego nos permite ver que es el mismo deporte, cada uno de ellos, el que debe ser desarrollado en forma sustentable para que -a medida que se sucedan las generaciones- las que lleguen dispongan de los mismos recursos que contaron sus antecesores para desarrollar su actividad.

Y es al estado a quien le cabe la responsabilidad de fijar las pautas básicas para que todo lo que se lleve a cabo en cada país sea sustentable desde el origen de forma tal que se cumplan las intenciones de la comunidad que han puesto a los gobernantes como sus representantes.

Si bien la tendencia natural es la de dejar que los cambios los haga el segundo sector -conformado principalmente por empresarios- apelando no solo a la potencia que el sector tiene en sí mismo sino a la conveniencia como motor; ya que, si la tendencia que persiguen es la correcta, el dinero que obtengan los impulsará a hacer las inversiones necesarias.

Es prudente recordar que la razón de ser de un estado es la de facilitar el bien común a través de fomentar todo lo que pueda acercar a los ciudadanos a un estado de bienestar con políticas ejecutadas por el gobierno que permitan el desarrollo de todo aquello que sea beneficioso para la comunidad.

Si el gobierno no propicia el uso de energías renovables al sector privado le resultará mucho más difícil hacerlo y el acceso de la comunidad a sus beneficios será tardío; por tomar solo un ejemplo de todo lo que representa una decisión sustentable de origen.

Las innovaciones suelen provenir del sector privado pero es el estado, a través de sus consecutivos gobiernos, quien debe facilitar la decisión original para que la sustentabilidad ocurra antes y con mayor facilidad actúe generando valor para toda la comunidad.

Fernando Solari

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Sustentabilidad enriquecedora

La sustentabilidad tiene que ver con lo que hacemos y con cómo hacemos lo que hacemos por lo tanto lo primero que tenemos que tener en cuenta es que ser sustentables no requiere que dejemos de hacer lo que hacemos.

Para dejar de hacer lo que hacemos se deben dar algunas condiciones; la primera es que estemos dañando o perjudicando a alguien, en ese caso lo correcto es dejar de hacer lo que hacemos inmediatamente para disculparnos -si es que hay margen para hacerlo-, compensar el daño y pagar por nuestro error.

Queda claro que no podremos retomar lo que hacíamos en el caso anterior ya que la única compensación válida es la que ocurre cuando se interrumpe una acción que presentaba consecuencias no deseadas por ser inaceptable continuar causando daños o perjuicios a terceros por más compensación que se les ofrezca.

La generación que tenía arraigada la lógica de que por un lado se gana y por el otro se pierde es una generación que está siendo reemplazada por los millennials [aquellas personas nacidas entre los años 1980 y 2000] quienes, razonablemente consideran que las recompensas no dependen del esfuerzo y el sufrimiento sino que son logros del talento aplicado por lo que -por ejemplo- no aceptan un trabajo donde tengan que soportar condiciones que consideran inmerecidas.

Quien crea que para obtener valor debe perder parte de los suyos no solo no es millennial sino que cada día se acerca más a una categoría en franca extinción.

Obtener un sueldo no implica aceptar los caprichos de un jefe como tampoco disfrutar del objeto deseado amerita aceptar que para producirlo se hayan perjudicado a otras personas o a la naturaleza.

¿Por qué alguien tiene que perder para que otro gane? Es una pregunta que encuentra cada vez menos argumentos simplemente porque es, como pregunta, insostenible.

El progreso del mundo, y finalmente el ingreso al tercer milenio que comienza a ser real, la descalifican sin chances.

Cuestión de sentido

Si dejamos de hacer lo que hacemos, sin que haciéndolo perjudiquemos a nadie, será debido a que no genere valor.

Si lo que hacemos no genera valor, tanto para nosotros como para la comunidad, habrá llegado el tiempo en que debamos dejar de hacerlo.

Si no nos enriquece lo que hacemos no tiene sentido hacerlo porque la búsqueda de riqueza le da sentido a nuestras vidas.

Enriquecernos de forma sustentable es quizás la búsqueda más elevada que podemos fijar para nuestras vidas.

En contra de lo que presuponen quienes miran al mundo detrás de los prejuicios del milenio anterior, el enriquecimiento es sustentable porque tiene que ver con valores entre los que -por supuesto- está el dinero pero de ninguna forma es el único valor a considerar.

Si no nos enriquecemos en simultáneo con nuestra comunidad es porque en algún punto estamos abusando, tomando lo que no nos pertenece y nos terminará perjudicando.

Enriquecernos en valores, el que sea más apropiado para cada uno de nosotros en función del rol que desempeñemos en cada caso y de las circunstancias, con el enriquecimiento de la comunidad de la que formamos parte le brinda sentido a nuestras vidas y nos transforma en sustentables haciendo que lo que hagamos sea sostenible.

Fernando Solari

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Sustentabilidad rentable

La sustentabilidad es una búsqueda incesante que cada día se hace más convocante por su capacidad de incluir todo lo necesario para contar con un futuro mejor y abarcador a partir de lo que tenemos.

Sustentabilidad no reclama dejar de hacer nada de lo que hacemos, en tanto y en cuanto no sea perjudicial para nadie ni nada, el desafío que plantea es el de mejorar tanto como seamos capaces para hacerlo mejor.

Sustentabilidad amplía nuestra mirada para que ingresen en nuestro foco de visión aquellos que son afectados con nuestro quehacer para que el efecto que genere en ellos sea positivo o, en el peor de los casos neutro, que en muchas oportunidades no está nada mal.

Esto sin dejar fuera de nuestra óptica a aquellos que nos afectan a nosotros con sus decisiones y a través de sus actividades porque el concepto de la sustentabilidad tiene que ver con que todos estamos vinculados y los vínculos enriquecen o deben ser corregidos para que lo hagan.

La sustentabilidad está soportada por un trípode para alcanzar un resultado de valor; el valor no puede ser negativo para nadie en ningún aspecto considerado por el trípode y el trípode reclama estabilidad por lo que necesita que sus tres aristas se mantengan parejas.

Las aristas del trípode en el que descansa la sustentabilidad son: personas, planeta y rentabilidad con esta última variable modificando la escala de las otras dos.

Si una de las patas del trípode cambia las restantes deben hacerlo hasta emparejarse; la que funciona como guía es la rentabilidad por ser el norte fijado por los grupos que más potencia invierten y la reclaman como resultado.

Si aumentamos la rentabilidad debemos ocuparnos de que aumente también el beneficio de las personas y del planeta que compartimos, es tan simple como eso lo que propone la sustentabilidad.

Ganancia tridimensional

La sustentabilidad es acción que apunta a resultados y los resultados son sostenibles porque incluyen la rentabilidad para recompensar los esfuerzos necesarios para alcanzarla, muy pragmático.

Esa rentabilidad tiene condiciones para ser tal; debe alcanzarse sin que nadie pierda, si esto no ocurriera sería abuso en alguna de sus variantes.

La condición para que nadie pierda cuando alguien gana es la de comprender que las ganancias no se refieren en exclusiva a términos económicos.

Estamos acostumbrados a pensar -en términos de ganancia- en una sola dimensión y es entonces cuando todos pensamos que si no ganamos dinero perdemos, aunque no sea necesariamente así ya que de hecho cuando obtenemos ganancias generando valor para el resto nos aseguramos una ganancia mejor, y más duradera.

La clave está en el valor, si obtenemos rentabilidad generando valor para nuestros empleados eso nos permitirá ganar más con empleados enriquecidos; si ganamos respetando el medio ambiente generaremos beneficios para todos que nos incluyen.

La sustentabilidad permite que nos enriquezcamos todos, en valores -donde cada uno obtiene el valor que persigue y le resulta pertinente para cada oportunidad- con un beneficio abarcador y sostenible.

Fernando Solari

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Sustentabilidad productora

Gestionar en forma sustentable permite alcanzar resultados superadores, en mucho, a los que estamos acostumbrados a obtener.

Desde el momento en que la sustentabilidad depende de que consideremos a la persona y al planeta -tanto como lo hacemos con la búsqueda de ganancias- partimos de asegurar que los logros que obtengamos serán abarcadores.

¿Hay espacio para considerar ganancias si tenemos en cuenta a la persona y al planeta?, es una pregunta válida para aquellos que no han incorporado la mirada de la sustentabilidad ni conocen de sus beneficios.

Esta pregunta requiere de comprender que hay dos modelos todavía en convivencia; uno que considera ganancia a lo que se le quita a otro, solo gano obteniendo el máximo posible y si tengo que reponer algo de lo que requiere mi toma de ganancia lo considero pérdida.

Así es como hay empresas -y claramente personas que son las que las componen y dirigen- que tienen personal bajo regímenes de explotación -o lo más cercano posible para evitar pérdidas-, que toman del medio ambiente lo que requiere su negocio sin considerar su reposición o que contaminan porque su foco está en su negocio -y en hacerlo rentable- y de los temas de medioambiente y otras cuestiones menores -para ellos- consideran que habrá quien se ocupe.

Esas personas no son empresarias, son abusadoras; y las consecuencias del daño que hacen las pagan ellas -lo reconozcan o no- y sus familias a las que no pueden impedir que vivan en una comunidad compartida con el único medioambiente disponible.

Hay otro modelo que considera que se puede ganar, y mucho, generando valor; de forma tal que las ganancias se incrementen a lo largo del tiempo y reciban beneficios desde los diferentes roles que llevan adelante dentro de la comunidad.

Esto ocurre por la capacidad productora que tiene la sustentabilidad, que no se limita a los bienes y los servicios sino que se enfoca en valores, superiores a todo otro beneficio alcanzable.

Valor producido

La sustentabilidad es productora de bienes y servicios con una mirada opuesta a la que termina en la obsolescencia programada ya que se enfoca en producir a partir de lo disponible y diseñar nuevos usos para que el rendimiento sea superior al esperado por quien utilice consideraciones convencionales.

La sustentabilidad produce bienestar cuyos resultados se elevan cada vez más; las personas que trabajan satisfechas -quienes encuentran la oportunidad de desarrollar y aplicar sus talentos- son aquellas que no encuentran límites y que obtienen resultados sobresalientes cuyos beneficios disfrutan junto con la comunidad para encontrar entonces un nuevo estímulo para superarse.

La sustentabilidad produce un clima favorable para que el aporte de la naturaleza ocurra en todo su esplendor y las condiciones estén dadas para que suceda lo mejor que se puede esperar.

Enriquecimiento es el resultado de aquellos que aplican la sustentabilidad tanto como el de aquellos que comparten la comunidad y el planeta ya que la producción de valor es ilimitada, progresiva y se multiplica al tiempo en que se expande.

Los beneficios de la sustentabilidad no son compartidos por no ser necesario que nadie ceda lo que necesita ni lo que persigue, cuando el enriquecimiento se produce en valores es posible que todos ganen tanto como se propongan debido a que los valores con los que se enriquece cada actor son diferentes.

Si todos queremos lo mismo el resultado será empobrecedor para la mayoría y el conflicto generado será creciente; a diferencia de lo que ocurre con la sustentabilidad que genera valores y el enriquecimiento es simultáneo.

Fernando Solari

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Sustentabilidad competitiva

El hecho de que la sustentabilidad se esté imponiendo como moda no la favorece en ninguna medida por varias razones atendibles y es la competencia entre empresas por sumarse a la corriente sustentable que en buena medida causan este efecto.

En primer lugar porque la moda impone un ritmo vertiginoso que no se condice en nada con el reposo que debe tener todo lo vinculado con la sustentabilidad para encontrar el preciado equilibrio que persigue como resultado compuesto por el trío de variables ineludibles: ganancias, personas y planeta.

La velocidad en la conquista de resultados -una condición impuesta en buena medida por la moda- es la que nos ha llevado a perseguir las ganancias sin tener en cuenta a las restantes variables; llevando a la degradación de las personas y del planeta donde todos vivimos hasta una situación de alerta que demandó la participación de la comunidad en su conjunto para llegar a acuerdos que tienen como centro la intención de revertir los resultados preocupantes.

La búsqueda de ganancias ha llevado al mundo de los negocios a abusar de tácticas como la obsolescencia programada para intentar mejorar sus resultados superando la barrera que impone un ciclo natural de consumo y, lo que es mucho pero, poniendo a las personas y al planeta al servicio de su búsqueda de utilidades.

La competencia detrás de este objetivo insensato ha sido estimulada desde diferentes ángulos y sectores con rankings donde los puestos principales están ocupados por personas que obtienen sus ganancias sin importar las consecuencias -llegando al extremo de mezclar empresarios exitosos con zares de las drogas dado que la única medida a considerar es el dinero acumulado-.

¿Cuánto es una ganancia justa? Podría ser una pregunta pertinente, sin embargo debemos tener en cuenta que en realidad las empresas deben ganar tanto como sean capaces de obtener, sin perder de vista ciertas sutilezas decisivas; lo que tienen que obtener es valor -que incluye pero que no se limita al dinero- y esto debe ocurrir como resultado de su capacidad para crearlo sin que ninguna persona, ni parte alguna del planeta, pierda como consecuencia.

El modelo de abuso propone como compensación una nueva competencia, esta vez en el terreno de los benefactores, intentando superar los montos que se destinan a la filantropía -de manera franca o tuneada de las formas más diversas- para poner en evidencia una nueva frustración, la que demuestra que la ayuda que no se realiza en forma sustentable mantiene la necesidad de ayuda condenando a muchos de los necesitados a sostener su condición.

Competencia sostenible

Si la sustentabilidad logra quitarse de encima las presiones y se aplica en froma estratégica pasará a una nueva categoría competitiva, la que permite que se destaquen empresas y empresarios al tiempo de enriquecer a sus comunidades.

La economía circular está delineando el marco que necesita para situarse en un modelo integral donde los beneficios que genera la sustentabilidad sean realmente generadores de valor, de un valor superador y abarcador que no pasa por reciclar sino por diseñar y encontrar el punto donde incluso los residuos generan valor.

El mundo de los negocios ha perdido la posibilidad de sostener sus diferenciales físicos ya que estos se roban o copian con excesiva velocidad y sin freno, teniendo en los intangibles la única chance de mantener los valores generados a lo largo del tiempo con chances de que la pendiente se mantenga positiva.

Las ganancias en términos de valor no tienen límite de crecimiento y enriquecer a la comunidad es la mejor estrategia para continuar con nuestro crecimiento y con ganancias en progreso.

La sustentabilidad bien aplicada está pasando a ser la variable estratégica que permite que las ganancias no tengan límites y que nuestros diferenciales no puedan ser copiados ni robados pero sí imitados; porque al ser producto de una construcción siempre nos dejará el margen de la anticipación y el hecho de que otros ingresen a la sustentabilidad como estrategia terminará beneficiándonos a todos.

Fernando Solari

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Macron y ¿cuántos más?

Emmanuel Macron, presidente de la República Francesa, en el cierre del verano europeo presenta como escenario para sus compatriotas un tiempo marcado por el fin de la abundancia, de las evidencias y de la despreocupación.

Seguramente el anuncio de Macron no sea exclusivo para Francia sino que abarque a toda Europa; aunque es razonable suponer que para el resto del mundo el escenario cercano no se presente muy diferente.

Como sea, lo importante es analizar las razones que nos llevan a este escenario que, si bien es desafiante, no se presente como resultado de un anuncio sino que es producto de una evolución; evolución condicionada por las decisiones tomadas por políticos como Macron -aunque el resto no lo anticipe con tanta claridad-.

Rol político

El rol de los políticos es básicamente administrativo; como no cuentan con la capacidad de crear riqueza sino que les compete administrar la riqueza común, conviene que sean estadistas en el sentido que señala el Diccionario de la Real Academia Española: “Persona con gran saber y experiencia en los asuntos del Estado”.

Contar con saberes y experiencia en los asuntos del Estado permiten llevar adelante una gestión beneficiosa para los propietarios de la riqueza que gestiona el Estado: los ciudadanos, aunque el rol principal de los políticos no se limita a estas tareas.

Tiene además la función de determinar los límites que reducen las acciones de los ciudadanos a un terreno en común donde cada uno de ellos decidirá qué rol y función llevar adelante y, en base a su desempeño, talento, entrenamiento y experiencia lograr resultados que les permitan enriquecerse a ellos y a la comunidad de la cual forman parte, en valores.

Y tienen además la responsabilidad de fijar una visión -positiva y enriquecedora- para estimular a sus conciudadanos a poner energías, tiempo e invertir en lograrla.

¿Guía y facilitador?

En definitiva a los políticos se les cede la responsabilidad de ser guías y facilitadores para el progreso de la comunidad estimulando a los diferentes sectores a sumarse en pos de un futuro mejor y abarcador.

Si miramos en concreto qué ocurre con quienes desempeñan ese rol en los últimos años notaremos que su desempeño no está muy en línea con lo que suponemos ni con lo que les cedemos en representación.

El anuncio de Macron es una clara evidencia ya que nos muestra un escenario donde las particularidades que presenta son consecuencias de la inacción, o acción errada de los políticos [de Macron y muchos de los restantes líderes].

Frente a esta evidencia es pertinente preguntarnos, ¿Qué dirán los políticos en el año 2030 si no se cumplen las metas de Desarrollo Sustentable? Que es el inicio de un tiempo marcado por la crisis climática, por la pobreza y por la desigualdad…

Si bien las empresas son el actor más potente para impulsar el Desarrollo Sostenible si no contamos con los políticos cumpliendo con su rol [con su decisión y acción] en el futuro solo encontraremos líderes que definan el escenario que ninguno de nosotros quiso alcanzar.

Fernando Solari

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Sustentabilidad nuestra

La sustentabilidad tiene que ver con lo que hacemos, con cómo hacemos lo que hacemos pero, fundamentalmente, con las consecuencias que se desprenden de nuestras acciones que siempre nos alcanzan, para bien y para mal.

Actuar en forma sustentable requiere que dejemos de mirarnos el ombligo y consideremos al otro como parte de la comunidad que integramos y de la que no podemos desligarnos.

Si hay algo que nos condiciona como personas es contar con el instinto gregario que nos lleva a agruparnos y vivir en comunidad, esta tendencia natural contra la que no podemos luchar nos obliga a tener en cuenta al otro para lograr lo mejor de nosotros mismos; o ignorarlos, con consecuencias que siempre nos alcanzarán.

En la comunidad no hay otros; hay nosotros porque siempre formamos parte de un grupo aunque creamos actuar en solitario.

Y somos nosotros los que nos hemos convencidos de la necesidad de actuar según uno de los roles que llevamos a cabo logrando que los empresarios actúen como tal con una obsesión -en distintas graduaciones- por la ganancia económica, los profesionales buscando obstinadamente que todo lo que hagan tenga rigor científico y la lista puede seguir hasta cubrir cada uno de los roles disponibles.

La sustentabilidad, para que ocurra y se desarrolle, reclama que volvamos a considerarnos personas para que nos encontremos rodeados de pares y sea más sencillo considerarlos en todo lo que hacemos dado que eso somos por debajo de todos y cada uno de los roles que llevemos adelante.

Nuestros recursos

Si recuperamos la capacidad de ver más allá de nuestras narices no solo nos encontraremos con personas iguales, en buena medida, a nosotros y diferentes -por fortuna- para que lo que hagamos como comunidad sea superior -en mucho- a la suma lineal de talentos, energías y recursos de todos sus participantes.

Si consideramos a la comunidad como un “nosotros” será mucho más sencillo comprender que los recursos naturales son un bien común. Un bien que no nos permite mantenernos ajenos a su estado de conservación o escasez.

El planeta es compartido sin que logremos que modifique su comportamiento según los títulos de propiedad que podamos obtener; y mucho menos lograremos aislarnos de las consecuencias que genera su pérdida o degradación.

Seguiremos necesitando aire y agua limpios sin que importe que tan ricos o importantes hayamos logrado ser.

Lo único que es compartido en la comunidad son las consecuencias de nuestros actos ya que es imposible mantenernos aislados de la contaminación con la que contribuimos o de la inseguridad que genera la pobreza que ayudamos a generar; como tampoco logran esquivar estos efectos quienes se mantuvieron pasivos.

La riqueza es una búsqueda tan humana como noble que se multiplica cuando la buscamos teniendo en cuenta al otro con el que compartimos la comunidad ya que negarlo es limitarnos y perjudicarnos.

A la comunidad la conformamos todos y cada uno de nosotros a través de los diferentes roles que desempeñamos y lo que hacemos a través de uno de ellos tiene consecuencias que nos involucran en, al menos, alguno de los roles que no podemos evitar asumir.

Si comprendemos que siempre estamos nosotros involucrados en las consecuencias de todo lo que hacemos será más simple buscar beneficios que nos enriquezcan porque el enriquecimiento será para todos.

Si mejora la comunidad mejoramos todos, nosotros incluidos como parte inseparable de ella y es la sustentabilidad la que nos permite lograrlo poniendo en foco -en nuestra noble búsqueda de ganancias- al planeta y a las personas.

Fernando Solari

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Sustentabilidad en red

La sustentabilidad será posible como resultado de nuestro desempeño en las redes que formamos en cada una de las capas que conforman nuestra comunidad.

Vivimos en red porque las redes sirven para contenernos, nos permiten tener -y mantener- vínculos dinámicos entre los diferentes miembros de cada grupo, nos brindan la posibilidad de alcanzar mucho más de lo que lograríamos solo con nuestros brazos y nos mantienen unidos y formando parte de un todo en el que logramos aquello que en forma personal sería impensable.

Formamos redes porque nos lo impone nuestros instinto gregario y las mantenemos por conveniencia, por una sana conveniencia que representan todos los beneficios de la vida en sociedad.

Lo que es importante saber, para poder tejer las mejores redes en cada oportunidad, es que éstas se forman con hilos de razón que se transforman en redes cuando logran anudarse con nudos de emoción.

Los hilos de nuestras redes son las razones por las cuales hacemos cada una de las cosas que hacemos, por la razón que nos lleva a tomar una determinada decisión en vez de otra y por la que elegimos entre opciones para quedarnos con solo una de ellas.

La razón es un elemento determinante y siempre presente en todo aquello que las personas hacemos pero no podría transformarse en red si no fuéramos capaces de unirlo con otro hilo, de afirmarlos a ambos a través de la emoción.

Si a la razón no lo une y afirma la emoción no podremos construir las redes básicas para que la comunidad -o cualquiera de los grupos que la conforman- actúen como tal.

Si nos quedamos con razones tendremos cortinas que nos parecerán límites hasta que alguien se anime a enfrentarlo y descubra que son cortinas formadas por hilos desconectados entre sí.

Las razones por sí solas solo construyen teorías que, si no se llevan a la práctica no podrán generar resultados, no cambiarán nuestras vidas; ni a favor ni en contra.

En todo lo que hacemos con nuestras vidas, con todas nuestras relaciones, en cualquiera de los sitios donde llevamos nuestra vida adelante habrá redes de las que formemos parte porque así funciona -metafóricamente- la comunidad de la que no nos podemos separar.

Decisiones emocionales

El desafío se presenta cuando nos cuestionamos por qué tomamos decisiones que parecieran ir en contra de la comunidad, cuando vemos que el proceso natural de las redes se encuentra con decisiones destructivas tomadas por personas que dañan a las redes mismas y al ambiente necesario para que evolucionen.

Las redes son la comunidad y todo lo que la conforma; tenemos redes formadas por instituciones, organizaciones, empresas, ONGs y la lista sigue hasta abarcar a todo aquello que hacemos las personas como integrantes de un grupo, deseando o no pertenecer a él, como puede ocurrir con una comunidad y ciertas personas que no se adaptan a ella.

Si mantuviéramos la figura metafórica de la red sería simple ver un modelo que nos lleva a aplicarlo en forma de proceso donde vamos diseñando los hilos para, llegado el momento, unirlos con otros a través de un nudo emocional y así seguir adelante hasta que el proceso nos deje una red que se vaya perfeccionando con el tiempo.

Ese proceso lógico no es más que la forma que creemos correcta de un armado como el que describimos pero al que la realidad lo ejecuta de otro modo por una razón principal: el hombre -en términos prácticos- no es un ser racional como se presenta sino que es un ser con capacidad de raciocinio movido por las emociones.

De esta forma las redes; compuestas por hilos de razón unidos por nudos de emoción nos sorprenden por estar formadas al revés de cómo creemos que lo están; tomamos decisiones emocionales que luego argumentamos para que sean aceptadas por aquellos que se involucraron a través de la pasión y poder sostener el armado de la red para continuar con su tejido y evolución.

Si aceptamos este proceso de funcionamiento social veremos con mayor claridad por qué el hombre actúa en contra de la naturaleza sin atender razones, por qué la sustentabilidad es un discurso que cuesta tanto llevar a la práctica y por qué aquello que en mayor medida se hace a favor de la comunidad no son más que versiones de una filantropía y un asistencialismo que ya han comprobado su ineficacia.

Fernando Solari

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Sustentabilidad en grupos

La sustentabilidad resulta, en buena medida, del vínculo que seamos capaces de construir con la comunidad presentando esta gestión algunos desafíos sobre los que vale la pena detenerse para poder resolverlos de la mejor forma posible.

La comunidad es una abstracción inasible con la que tenemos sensaciones encontradas ya que formar parte de ella nos genera sentido de pertenencia familiar mientras hay sectores que nos resultan completamente extraños e incomprensibles.

La comunidad finalmente es una sola y llega al extremo en que es claro notar que somos parte de la humanidad sin que importe el color, la nacionalidad, el sitio de origen como tampoco el de residencia ni sus orientaciones, ideas o creencias.

Hay verdades universales y modelos de gestión; la sustentabilidad forma parte de la posibilidad de que cada uno de nosotros -integrantes sin dudas de la humanidad global- podamos gestionar un vínculo de valor con la comunidad.

Todo tipo de organización -las empresas no quedan fuera- son grupos de personas que comparten razones y emociones para mantenerse unidas; en las empresas esto se sintetiza a través de una misión [lo que la empresa hace], visión [la aspiración que pretende alcanzar la empresa] y los valores [la forma en que quiere funcionar] que, en tanto y en cuanto sean compartidos, mantendrá al grupo unido.

Esa empresa, como todas las demás, forma parte de la comunidad por dos razones; porque su actuación ocurre en la comunidad y porque las personas que la conforman lo hacen llevando a cabo uno de sus tantos roles mientras los restantes los siguen desarrollando en la comunidad [gerente en la empresa; transeúnte, padre, hijo, hermano, socio de un club… en la comunidad. Todos roles que corresponden a una sola persona como ocurre con las restantes].

Para la empresa formar parte de la comunidad es una condición ineludible que tiene que sostener por lo que requiere que la comunidad la acepte como integrante y que la relación sea enriquecedora para ambas partes.

El vínculo con la comunidad suele ser puesto en evidencia a través de una acción impactante que la empresa lleva a cabo con un emergente de la comunidad y es así como hay empresas que hacen grandes donaciones a un hospital sensible [generalmente dedicado a la atención de niños, por tomar solo un ejemplo entre tantos] para demostrar su compromiso comunitario, logrando que la intensidad del episodio evite que se preste atención al resto de las acciones que lleva a cabo la empresa.

Partes de un todo

Esto funcionó mientras la comunidad estuvo en buena parte concentrada detrás de los medios masivos que la tenían como público pasivo pero parte de los cambios del nuevo milenio hacen que cada grupo de los que conforman la comunidad tenga voz propia y requiera ser tenido en cuenta por lo que la relación con la comunidad deja de estar concentrada y pasa a atomizarse por grupos.

Los llamados “grupos de interés”, aquellos cuyo comportamiento afecta a la empresa tanto como el desempeño de la empresa los afecta a ellos son los grupos que -sin importar su magnitud- deben tener un vínculo de valor con la empresa para que ésta opere sin crisis a través de una relación donde la empresa sea proactiva y sea capaz de poner en evidencia el valor que genera para cada grupo considerando como valor lo que para cada grupo sea tal.

La diversidad de casos en los que los grupos de interés modifican las actuaciones de las empresas tiene una evidencia representativa en los casos en los que vecinos de plantas industriales con inversiones multimillonarias han obligado a cambiar los planes de la empresa.

Tener la oposición de los vecinos por considerar inconveniente la presencia de la empresa es razón suficiente para obligar a un cambio de planes radicales en oposición a lo que podrían considerar grupos en apariencia más poderosos.

La conocida “licencia para operar” que brinda la comunidad está teniendo cada día más exigencias por parte de los grupos de interés y requiere mayor atención por parte de las empresas en su búsqueda por llevar a cabo una gestión sustentable concreta.

Fernando Solari

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Sustentabilidad barrial

La sustentabilidad requiere tener un vínculo de valor con todos y cada uno de los grupos que influyen y son influenciados por la actividad de la empresa ya que esa es la única forma de gestionar la pertenencia con su comunidad.

Los vínculos siempre se construyen de a dos y aquellos que tienen como parte activa a una empresa deberán tener del otro lado a un actor semejante; al menos medido desde su capacidad de influir con su comportamiento a la empresa, razón necesaria para que sea considerado como “grupo de interés”.

Los grupos de interés conforman el universo de vínculos de toda empresa o institución con los cuales deberá tener una relación enriquecedora o correrá el riesgo de perder la conocida “licencia para operar” lo que equivale al rechazo social, situación que pocas veces puede ser superada por una empresa.

Los grupos de interés son variados y diversos conformando un mapa de territorios sobre los que la empresa tiene que hacer mucho más que mantener relaciones cordiales ya que no se trata de cuestiones diplomáticas sino de temas concretos que deben terminar con el enriquecimientos de ambas partes para que se mantengan sin conflictos.

Para que el enriquecimiento sea mutuo es vital conocer lo que representa valor para todos y cada uno de los grupos de interés, tanto como lo que represente valor para la empresa como resultado del vínculo particular que tenga con cada uno de ellos, de forma tal que pueda ser generado dejando a cada uno de los actores intervinientes la certeza de que la relación es enriquecedora.

Para que la relación sea sustentable requiere de dos componentes; primero debe ser un vínculo que excede la relación comercial de la empresa y segundo debe ser particular y enfocado para cada uno de los grupos de interés teniendo como actor común a la empresa en cuestión.

Ofrecer al mercado un producto o servicio de valor es una condición necesaria pero insuficiente para contar con un vínculo comunitario que nos asegure que podremos mantener la aceptación de la comunidad para mantenernos como parte de ella.

El valor que pretende cada uno de los grupos de interés como resultado del vínculo no se limita al dinero y en muchos casos está muy lejos de cuestiones económicas sin que eso le haga perder valor y mucho menos importancia.

Presencia cotidiana

Entre todos los grupos de interés está el barrio; el sitio donde nos vieron nacer, crecer y desarrollarnos o aquel donde nos instalamos para pasar días tras día haciendo lo mejor que podemos hacer en contacto con quienes nos rodean.

El barrio no es solo el sitio donde comenzamos con una idea que terminó siendo una planta de producción, también lo es en donde ponemos nuestros locales comerciales, oficinas y todo aquel punto de contacto con nuestros clientes y proveedores que nos muestra tal y cual somos frente a la comunidad con la que compartimos el día a día por encima de nuestro rol empresarial.

Aquellos vecinos cercanos no son solo los que comparten el barrio y por los que tenemos que demostrar predisposición positiva sino que son las personas que funcionan como la primera línea de contacto con la comunidad, aquellos que nos eligen y nos defienden, quienes saben nuestros secretos y se sienten orgullosos de compartirlos cuando los confirman positivos y abarcadores.

En un mercado como el actual, donde cuando un comercio tiene éxito queda automáticamente rodeado por competidores como ocurre con las sucursales bancarias, supermercados, comercios de ropa, alimentos… y la lista puede seguir sin agotarse hasta completar el rubro retail, tener un vínculo de valor con el vecindario pasa a ser un diferencial competitivo.

Cuando nos parecemos en todo nos diferencian nuestras relaciones, cuando nuestra oferta es similar el valor agregado lo aportan los vínculos que construimos, cuando estamos parejos en todo son las referencias las que definen y no hay referencias más cercanas que las de nuestros vecinos.

Trabajar construyendo un vínculo de valor con nuestros vecinos supera en mucho la pretensión de conservar la licencia para operar y se transforma en un diferencial competitivo como solo la sustentabilidad puede brindar.

Fernando Solari

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Sustentabilidad distintiva

Las organizaciones de todo tipo tienen que demostrar que son capaces de brindar mucho más de lo que se espera de ellas por varias razones que se potencian entre sí; en primer lugar porque si se limitan a hacer lo que se espera de ellas sería muy sencillo suplantarlas, y la permanencia es un valor en sí mismo.

Permanecer es un valor que implica progreso porque la comunidad es la que avanza y evoluciona por lo que si una organización se estanca para la comunidad representará un retroceso.

Si una organización se limita a cumplir su rol recurrir a ella será solo en busca de completar un trámite administrativo que, antes que ser suplantado por otra organización, encontrará el sustituto en una simple herramienta a la que la tecnología facilite su acceso.

Si una organización no brinda valor se limita a consumir valor sin que haya un intercambio por lo que se enfrentará con un reclamo razonable que le exigirá dejar de consumir aquello que no abunda y puede ser invertido en mejores organizaciones medidas en término de valor generado.

Este escenario es impensable en el sector de las empresas por su naturaleza competitiva y porque hay grupos de interés que reclaman como no lo hacen otros grupos de la comunidad teniendo a los inversores en la primera línea.

Diferente por supervivencia

El progreso de las empresas por salir del terreno de lo esperable para poder mantenerse compitiendo en el mercado descansó en la innovación y pericia por ofrecer productos y servicios superiores a los de la competencia con un agotamiento generado por la facilidad con la que se copian -o roban en forma desprejuiciada- las innovaciones contado con ingeniería inversa que en muchos casos permite mejorar lo que se copia en el caso de los productos tangibles como lo es la capacitación y la difusión de conocimientos para los servicios.

Frente a esta nueva realidad las empresas encontraron oportuno desarrollar -o poner en evidencia para aquellas que lo tenían desarrollado- el vínculo con la comunidad para validar la licencia social que requerida para actuar sin conflictos e intentar contar con la protección de la comunidad frente al embate de competidores inescrupulosos a quienes nos les importen los métodos para tomar su lugar.

La primera reacción consistió en mostrarse como Socialmente Responsables confiando en que de esa forma la comunidad no solo renovaría su aceptación sino que las preferiría gracias a su condición de compromiso comunitario.

Buscar distinguirse por la condición de responsable implica que hay empresas que no lo son y esto es inválido por naturaleza; la condición de irresponsable impide mantenerse en la categoría empresaria tanto como el ser responsable es una condición básica para toda empresa que pueda ser considerada como tal.

Los esfuerzos invertidos en mostrar que uno es lo que se espera que sea son inválidos en términos diferenciales por genéricos.

Destacarse requiere de diferenciales que sean sostenibles y de valor por lo que el concepto de sustentabilidad es el que mejor se adecua como generador de valor sostenible representando el máximo valor distintivo y competitivo para construir reputación en forma integral.

Si la reputación es el resultado de una imagen y un prestigio coincidentes en esencia y potenciadores en términos de resultados generarla integrando al negocio con la comunidad, las personas que la componen y el medio ambiente común permite obtener tanto valor competitivo como seamos capaces de generar.

Nos distinguimos por aquello que hacemos, por cómo lo hacemos y de qué forma lo mostramos teniendo en el comportamiento sustentable la oportunidad de alcanzar la máxima distinción reconocida -y valorada- por toda la comunidad a través de cada uno de quienes la componen.

Fernando Solari

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Sustentabilidad límite

El concepto de Sustentabilidad suele confundirse con frecuencia con el de Sostenibilidad y es por eso que acostumbran a ser utilizados como sinónimos a pesar de sus diferencias.

La sostenibilidad hace referencia a una condición que en el caso de la sustentabilidad es vital; la que pone en evidencia que si la búsqueda por la sustentabilidad no se mantiene en el tiempo los beneficios obtenidos quedan condenados.

En el terreno de las empresa la cualidad de ser sostenible es una condición necesaria que no puede ser desatendida nunca debido a que dejaría sin efecto todos los logros anteriores.

La primera e irremplazable condición para que una empresa sea sostenible está dada por la rentabilidad; si una empresa no gana dinero no podrá mantenerse, a excepción de que se encuentre haciendo una inversión o los cambios que la realidad le proponga para recuperar la rentabilidad.

La rentabilidad es tan básica para una empresa, está tan en su esencia, que sin ella deja de ser empresa; podrá transformarse en cualquier otro tipo de organización pero ya no será una empresa si pierde la rentabilidad hasta el punto en que no sea posible recuperarla.

El foco que ponen las empresas, de forma natural, hacia la obtención de rentabilidad lleva a preguntar: ¿cuánta ganancia es razonable obtener?

La respuesta la tiene la sustentabilidad; tanta ganancia como seamos capaces de obtener sin que otros pierdan como consecuencia.

Incluir la triple línea de beneficios facilita la respuesta; si tengo que medir mi desempeño según el resultado social de mi actividad y mi ganancia se incrementa a costa de que haya personas esclavizadas en el proceso de producción allí encuentro un límite para mi rentabilidad, si puedo aumentar mis ganancias a costa de dañar el medio ambiente ese es otro límite que no debo cruzar.

La sustentabilidad hace a la rentabilidad ilimitada porque aquello que obtenemos a costa de la pérdida de otros no es ganancia, es abuso.

El grupo cuenta

La rentabilidad no es más que valor a cambio de valor generado que depende de un grupo sostenido para que el resultado positivo ocurra.

Las empresas, que no son otra cosa más que personas unidas a través de una misión común con una visión compartida y valores que los sostienen, debe lograr que el grupo de personas que la conforman sea sostenible.

Las posibilidades de incrementar la rentabilidad, sin que nadie pierda ni se perjudique como consecuencia, dependen de los talentos con los que cuente el grupo y es por eso que mantenerlos es un foco del que no se puede quitar la atención.

Esto ocurre cuando se tienen en cuenta algunos factores tan simples como básicos que se relacionan con el vínculo comunitario.

Si la elección para llevar adelante el vínculo con la comunidad es a través de la compensación es cuestión de tiempo para que se ponga en evidencia el fracaso como actor social y como plan para retener talentos.

Si optamos por la filantropía estaremos imponiendo una decisión personal a un grupo por lo que el grupo perderá su sentido haciendo que la falta de logros de valor lo termine de desmembrar.

Los talentos tienen la característica de estar en manos de personas íntegras y comprometidas con la comunidad de la que se sienten parte, solo por esto es la sustentabilidad aplicada la mejor forma de retenerlos y ofrecerles la mejor condición para que lo desarrollen tanto como para que logren los mejores resultados, en términos de rentabilidad, sociales y ambientales.

Fernando Solari

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Sustentabilidad gradual

La sustentabilidad, en mayor o menor medida, en distintas versiones y en diferentes graduaciones, se termina imponiendo como parte de la actividad empresarial para acercarse al punto en que su aporte de valor enriquezca tanto a la comunidad como a la empresa que la lleva a cabo.

En ese avanzar a favor de la comunidad -y de nuestro negocio- a través de la sustentabilidad vamos pasando etapas lógicas y razonables que deben implicar un crecimiento para validarlas teniendo por primer punto la identificación del valor generado y de su cobertura.

Si con lo que hacemos a favor de la comunidad no generamos valor, por menor que este sea, estamos haciendo algo que suponemos tiene que ver con la sustentabilidad medido según nuestro criterio; y la sustentabilidad si algo ha logrado a lo largo de su evolución es un acuerdo conceptual vinculado con su aporte y con su alcance.

Sustentabilidad implica, en primer lugar, generar valor teniendo en cuenta que valor no equivale necesariamente a dinero sino que lo incluye integrando otros muchos valores básicos y fundamentales que en muchos casos son necesarios para ganar dinero.

En segundo lugar el acuerdo alcanzado en relación con la sustentabilidad es aquel que tiene que ver con la necesidad de medir lo que hacemos con una triple vara; la económica se mantiene porque sigue siendo ineludible pero debe ser compartida con los resultados sociales y ambientales que generamos.

En especial en el ámbito empresario si bien no podemos dejar de ganar dinero lo que no podemos es hacerlo a costa de generar pérdidas en el terreno social o ambiental.

Evitar pérdidas -o daños- sociales o ambientales como consecuencia de nuestra ganancia económica no es más que la puerta de ingreso a la sustentabilidad ya que su aporte diferencial y competitivo tiene que ver con cuanto valor aportemos en esos terrenos.

Poco, pero eficiente

Puestos a trabajar en el terreno de la sustentabilidad lo razonable es hacerlo en forma gradual sin que esto signifique que nos quedemos con buenas intenciones sin alcanzar resultados.

Si bien la actitud es determinante, cuando lo hacemos para cumplir -o porque el resto del mercado lo hace- nos limitamos a la buena voluntad con la impresión de que participamos sumando nuestro aporte.

Así es como los mails corporativos siguen incluyendo mensajes que alertan sobre los efectos negativos en caso de imprimir el mensaje, que transmiten culpa por anticipado y que exigen sea analizada la necesidad antes de cometer la imprudencia.

A la tendencia se suman los cajeros automáticos que alertan sobre el daño que causa el consumo de papel al medioambiente mientras ofrecen la opción de imprimir o no el ticket con la operación realizada entregando su responsabilidad a manos del cliente.

Las empresas que organizan un sorteo entre aquellos clientes sensibles y responsable que decidan dejar de recibir facturas en papel facilitando la labor de la empresa, su gestión de costos y su involucramiento sustentable.

Las cadenas que proponen dejar la incomodidad del cambio chico para que la empresa done el resultado en una acción donde quienes financian su supuesta sustentabilidad no entran en la foto.

Las acciones se repiten con variables pero con la transmisión de culpa siempre presente y destinada a movilizar al otro para cumplir con metas internas que de hecho se documentan prolijamente en los reportes de sustentabilidad.

La sustentabilidad es gradual, sin dudas, pero para que así sea tiene que comenzar con la orientación apropiada y la variación estará en su intensidad que se incrementará a medida que avancemos, aprendamos y mejoremos la forma de aplicarla.

Fernando Solari

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Sustentabilidad esférica

La sustentabilidad implica un cambio tan simple como radical; es simple porque consiste en recuperar nuestra naturaleza y es radical porque requiere que regresemos de preconceptos que nos han alejado del punto de equilibrio que nos ofrece la naturaleza de la que formamos parte.

La naturaleza nos brindó cualidades que nos obligan a ser protagonistas de la evolución por nuestra capacidad de intervención sobre la misma naturaleza; estar sujeto a sus leyes mientras tenemos la capacidad de modificar su desarrollo aturde al mejor preparado.

La naturaleza le debe temer al hombre sin que esta potencia humana sea suficiente para doblegar sus designios ya que la supervivencia del hombre sigue estando sujeta a las fuerzas de la naturaleza.

Estamos frente a una encrucijada compleja que nos obliga a replantear nuestro comportamiento comenzando por nuestra forma de pensar.

La evolución ha puesto al hombre como centro del universo gracias a su capacidad de dominio; instalar ciudades en desiertos, dominar la energía nuclear, ganarle tierra al mar, modificar el rumbo de ríos son algunas muestras capaces de entusiasmar al hombre más tímido y reacio a creer en su poder.

Tenemos noticias de que hubo un ser dominante por instinto y energía -dinosaurios- que finalmente desapareció de la faz de la tierra por decisión de la naturaleza y el mundo siguió su rumbo sin conflictos melancólicos a la vista pero tenemos margen para presumir que en el caso del hombre las cosas puedan ser diferentes.

La evolución innegable del hombre tiene la paradoja de acercarlo cada vez más a la naturaleza para poner en evidencia su dependencia dado que su subsistencia depende de ella.

Podemos dominar a la naturaleza y ponerla a nuestro servicio pero ese poder nos condena.

Debemos respetar a la naturaleza porque estamos hechos de ella y en nuestro andar, en nuestras decisiones, debemos considerarla; tanto como ocurre cuando se trata de la comunidad.

Si miramos hacia la comunidad de ninguna forma estamos mirando hacia afuera tal y como ocurre con la naturaleza.

El mundo es tridimensional

El hombre se ha instalado, por capacidad y evolución, en el centro de un universo compuesto por tres ejes que le dan forma a un sistema esférico.

La forma esférica es la que mejor permite el desarrollo, evolución y progreso de la vida de cada una de las personas que componen el mundo; un mundo único, compartido e integrado por esas mismas tres variables en diferentes proporciones.

El primer eje es el de los beneficios, el que controla la conveniencia y -en tanto y en cuanto no se modifique el sistema predominante- está dominado por la economía, en especial por la disponibilidad económica de cada persona.

El segundo eje tiene que ver con la posición dominante compartida que tiene cada persona con el resto de la comunidad vinculado con nuestro instinto gregario y en especial con las interacciones inevitables entre personas con cualidades diferentes y en muchos sentidos complementarias. Al no estar solos en el mundo no podemos tomar decisiones que involucren a otros sin tener consecuencias con la evidencia de que el respeto por los otros es el mejor camino para ser respetados.

El eje restante es aquel dominado por la naturaleza que se encarga de recordarnos que nuestro poder resulta insignificante frente a la potencia infinita e indómita de la naturaleza.

Tres ejes forman una esfera cuando son simétricos mostrando la mejor expresión de nosotros mismos cuando tenemos en cuenta a nuestra conveniencia sin descuidar al resto de quienes conforman nuestra comunidad ni a la naturaleza de la que formamos parte.

Considerar a los tres ejes de manera equitativa, y por lo tanto equilibrada, es lo que hace la sustentabilidad; permitiendo que alcancemos la figura esférica que representa la mejor metáfora para avanzar sin obstáculos sobre cualquier superficie hacia donde el valor obtenido sea beneficioso para todos.

Fernando Solari

Esta es mi opinión, pero estamos en una comunidad que se enriquece con el diálogo, y aquí abajo tenemos un cuadro de diálogo abierto para intercambiar ideas, ¿te sumás? ¿Compartís tu opinión? ¿Tu punto de vista? ¡Gracias por adelantado! Abrazo

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